lunes, 1 de diciembre de 2014

Enseñar a adultos

Al contrario de lo que pueda parecer, enseñar a adultos no es una tarea fácil. A pesar de que supone un reto constante, también requiere dosis extras de paciencia por ambas partes, ya que el aprendizaje en esta etapa puede ser más lento. Es por ello que debemos, no sólo intentar motivar a nuestros alumnos de muchas más maneras, sino que también hay que buscar nuevos métodos de enseñanza y dar con el que es clave para cada uno de nuestros alumnos.

Según Noam Chomsky, renombrado lingüista estadounidense (aunque mediáticamente más conocido por su faceta más política), todos los seres humanos nacen con una capacidad lingüística innata que le permite generar un número infinito de oraciones y, además, adecuarlas al contexto en el que se aplican. Pero, ¿qué ocurre en los casos de bilingüismo o de adquisición de una segunda lengua?

Está comúnmente aceptado que son los niños los que aprenden idiomas más rápido, y cuanto más jóvenes empiecen con este aprendizaje mejor será el resultado. ¿Es esto así? Y, ¿por qué no es así en los adultos?

El caso de los niños se sustenta con la teoría del lenguaje de Chomsky, por nuestra capacidad innata para hacerlo; pero, ¿y los adultos? Los niños no nacen con miedos. Los miedos nacen a través de la experiencia, propia o ajena. Es decir, un niño no nace con la creencia de que no va a poder aprender algo; es más, mientras son muy pequeños, los animamos a que aprendan a pasos agigantados. pero a la vez, poco a poco, les vamos infundiendo los miedos propios de los adultos que, por experiencia hemos aprendido a tener cuidado, a conocer nuestras limitaciones, etc. Y así, poco a poco, nos vamos llenando de prejuicios.

El cerebro de un adulto está viciado y más cerrado al aprendizaje por una cuestión de prejuicios que hemos convertido en creencias sociales. Somos nosotros los que, en la edad adulta, cerramos nuestra mente al aprendizaje y conocimiento. "No voy a aprender nunca", "ya soy mayor para aprender esto", "los niños son esponjas; nosotros no". Estos pensamientos negativos con respecto a uno mismo hacen que aprender sea una tarea muy ardua. Es el error más común que nos vamos a encontrar, y convencer a un adulto de que está equivocado es mucho más difícil que convencer a un adolescente que, a pesar de todas sus quejas y sus malas caras, acaban confiando en tu experiencia.

Los adultos necesitan ser estimulados en el aula exactamente igual que los niños, pero con una dificultad añadida: tienen que irse a casa con la sensación de haber estado en una clase productiva. Para ello, mi consejo es hacer clases en las que se cambie de tipo de actividad cada cierto tiempo. Alternar ejercicios en los que se cultiven los distintos tipos de habilidades relacionadas con el aprendizaje de un idioma. Pero además, los alumnos deben saber en qué beneficia cada actividad a su conocimiento de la lengua. Deben ser conscientes del proceso que estamos llevando a cabo y qué es lo que queremos conseguir con todo ello.

Hay una cosa más que considero vital en este campo. Una cosa que sí que disminuye con los años es nuestra capacidad memorística. Personalmente, nunca me he preciado por tener una buena memoria, aunque según mi madre es porque es selectiva. Pero, ¿acaso no es selectiva para todo el mundo? Siempre he utilizado técnicas nemotécnicas para ayudarme en este proceso. En mi caso fue la música, y The Beatles fueron los primeros que me ayudaron a recordar vocabulario y estructuras antes de ser capaz de entender cómo funcionaban. Pero también me he encontrado con profesores que han hecho que las clases fuesen tan divertidas y que me sintiese tan relajada en clase que recuerdo expresiones que no voy a utilizar en la vida. Así que SÍ, los adultos también aprenden antes en un ambiente relajado y distendido.

Y siempre recuerden una cosa: NO es imposible para nadie, tenga la edad que tenga, el aprendizaje de una lengua. Sólo hay que tener en cuenta que puede que sea más lento porque nuestras capacidades no son las que eran, y que, por suerte o por desgracia, nunca alcanzamos un nivel tope sino que al aprender un idioma, debemos aceptar que es algo que irá con nosotros para siempre.


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