Tras muchos años de experiencia, no puedo más que pensar que nuestros alumnos aprenden de maneras distintas. Como ya decía en la entrada con la que inauguré este blog, las capacidades de cada alumno son algo a tener en cuenta a la hora de aplicar una metodología. Es por ello, como ya dije, que no creo en una metodología única aplicable a todo nuestro alumnado. Haciendo eso lo único que lograremos es desmotivar a los alumnos que no se ajusten a ese método.
También está muy extendida la creencia de que la gente con más memoria es más inteligente. Obviamente, como les digo a mis alumnos más jóvenes, el cerebro es un músculo y cuánto más lo ejercitas, más se desarrolla; pero también hay gente con esa capacidad innata. Yo no la tengo. He asumido hace mucho tiempo que tengo una memoria limitada y, es más, la comparo con la de un ordenador: cuando me estoy quedando sin espacio libero y olvido cosas que ya no utilizo para hacerle sitio a la información nueva. Por ello, tenemos que buscar técnicas de asociación de conceptos; tema que abordaremos en otra ocasión.
¿Cuántas veces habré oído "los idiomas no se me dan bien", o "esto no lo voy a aprender nunca"? Nuestros alumnos tienen que entender que, efectivamente, no todo el mundo tiene las mismas capacidades. No debemos dejar que se comparen con otros que sí las tienen, o incluso con nosotros. La motivación y una buena dosis de auto-estima es la clave para conseguir cualquier meta que nos propongamos. Sólo he tenido dos casos a lo largo de mi carrera profesional de los que he pensado que no había mucho que yo pudiese hacer. Ambas personas tenían graves problemas de aprendizaje ya en su propio idioma que los había llevado a ser un fracaso escolar, y a eso se le juntaba el hecho de que no tenían ningún tipo de constancia.
La constancia es otra de las claves. Tengo un cociente intelectual ligeramente elevado por encima de la media, o eso me dijeron en el instituto, pero no soy ninguna superdotada, a pesar de que los más jóvenes de mi clase piensen que tengo las respuestas para todo. Sin embargo, soy una persona constante y con una buena disposición para el trabajo. Prácticamente cualquier carencia que tengamos la podemos suplir a base de esfuerzo, trabajo y mucha constancia. Siempre les recuerdo que cuando aprendemos un idioma es algo que vamos a hacer para el resto de nuestras vidas. No existe un máximo de nivel adquirido; no hay cosas que no puedas seguir aprendiendo, y si dejas de practicar lo pierdes. Por ello, la constancia es la clave.